viernes, 11 de julio de 2014

Amor a primera vista






    El se acercó a ella, pausadamente. La había visto hacía un buen rato, y cuando vio su pelo ondulado flotando con la suave brisa, se quedó parado. Pensó que era un verdadero espectáculo mirarla, contemplarla en silencio. Estaba allí, sentada en un banco, posiblemente descansando un momento o esperando a alguien. La observó en silencio, intentando pasar desapercibido y sumido en sus pensamientos.
     Contemplo su rostro inquieto, sus ojos destelleantes y su media sonrisa. Vio como sus manos se agitaban nerviosas y como sus rodillas bailaban a un ritmo frenético. Estaba nerviosa o tal vez ansiosa, quizá algo la perturbaba, pero seguía allí, sentada, mirando al infinito y con una mueca de incertidumbre.
     Fantaseó con mil posibilidades, y cada una de ellas le parecía más absurda y a la vez más certera. Sacudió la cabeza y se decidió a abordarla.
     Por un momento su mente lo llevó a un paisaje esperpéntico, donde ella lo estaba esperando impaciente y donde él, su enamorado, llegaba a regalarle todo su amor. Se había quedado prendado de ella, sin conocerla, sin haber buceado en su alma, sin apenas haberla rozado.
     Él, que siempre había sido tan incrédulo, que ninguna mujer había conseguido ni siquiera, llegar a emocionarlo. Él, que siempre había roto sus relaciones por falta de interés, que no había querido comprometerse, que se vanagloriaba de ser libre y de portar esa libertad como un escudo salvavidas. Él, que siempre se había burlado de los demás por dejarse encadenar al amor, el fuerte, el duro, el que podía sobrellevar todo y lidiar con todo...
     No podía dejar de mirarla, y decidió acercarse. Quería no ir, pero no podía... Había algo dentro de él que lo arrastraba, que dominaba cualquier intento de negación. Su corazón se agitaba a un ritmo descompasado, desconocido. No podía controlarlo, no podía hacer otra cosa más que seguir ese instinto que le llevaba hasta ella.
     No la conocía de nada, no la había visto en su vida, pero estaba seguro de haber encontrado a la persona con la que quería tomar un café a diario, con la que quería compartir su dolor, su angustia, sus momentos de euforia, sus sueños, sus triunfos y sus fracasos. La había encontrado y, no quería perderla, no quería dejar pasar la oportunidad de presentarse ante ella y decirle, aquí me tienes, soy todo tuyo, sin condiciones, sin motivo, sin un por qué.  Soy aquél por el que esperas y tu eres esa, por la que he estado esperando. Soy,  porque te he encontrado; seré, solo si puedo amarte.

    "El amor es el significado último de todo lo que nos rodea. No es un simple sentimiento; es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación". Tagore