jueves, 19 de junio de 2014

Sueño africano Parte II





     -Encantado Marian. ¿Estás bien?
     Marian giró la cabeza en dirección al sonido de aquella voz, que la perturbaba poderosamente.
     -Si, si... disculpa.- contestó atropelladamente Marian.
     -Estás temblando, ¿seguro que te encuentras bien?.- insistió Jamal.
     - Si, si, no pasa nada, será la emoción de todo esto, de la estupenda fiesta que me han organizado mis amigos, del lugar...
     Pero en la mente de Marian, no dejaban de sucederse las escenas de amor con aquel desconocido y al mismo tiempo tan conocido para ella. ¿Que clase de magia era aquella? Estaba tan asustada y tan ensimismada en sus pensamientos que no se dio cuenta que la gente se iba encaminando al comedor. Se quedó sola en mitad del jardín, intentando digerir y asimilar la presencia de aquel hombre, hasta que su amigo Lucas la avisó para pasar a cenar.
     Lo sentaron junto a ella y armándose de valor intentó pasar la velada sin que nadie se diera cuenta de lo mal que lo estaba llevando. Todo era demasiado contradictorio, por un lado la emoción la tenía con la sensibilidad a flor de piel y por otro, la sorpresa y la falta de entendimiento hacían que la confusión y la incomodidad se adueñaran de ella. Bebió más de lo habitual, necesitaba que el vino adormeciera sus miedos, necesitaba imperiosamente desinhibirse e intentar disfrutar.
     Llegó la hora del baile. Jamal tendió su mano hacía Marian invitándola a salir al centro de la sala. Las rodillas le fallaron y casi cayó al suelo cuando sin apenas levantar la cabeza le tendió su brazo. Fue bochornoso... Su rostro se tornó de un rojo grana intenso, y avergonzada se dejó llevar. Jamal la rodeó con sus brazos delicadamente para sujetarla y comenzaron a bailar.
     Marian flotaba. Hubiera jurado que su cuerpo se había tornado etéreo. Alzó la mirada y se encontró con los ojos de Jamal. Una mirada intensa, penetrante, profunda que hizo parar sus tiempos. No se dijeron ni una sola palabra, se sintieron y se fundieron.
     -Marian, tengo la sensación de que ya nos conocíamos de antes. Pensarás que es una tontería lo que te voy a decir, pero en el momento que te vi, sentí un escalofrío, sentí que tu alma y la mía se habían encontrado mucho tiempo atrás. No pienses que estoy loco por favor, pero tenía que decírtelo.
     -Jamal, no pienso que estés loco, pero tu si lo vas a pensar de mi en cuanto te cuente lo que me ha sucedido. En el momento en que entraste por la puerta y te vi, supe quien eras. Y no me refiero a que seas el primo de Lucas, no; fue, a que ya estabas en mi vida desde hace un año, justo un año. Te he soñado prácticamente todas las noches desde mi último cumpleaños, te he besado, te he acariciado, te he sentido conmigo. Y sé,  que lo que te estoy diciendo me hará parecer una completa perturbada, pero por más que intento racionalizarlo, no lo consigo.
     Estaban tumbados sobre el lecho de aquella casita de invitados, alumbrados por la calidez de unas velas. El la abrazó, acercó sus labios a los de ella y la amó con la delicadeza del pétalo de una flor y con la pasión e intensidad del viento del desierto. Habían conseguido hacer de un sueño de amor, un amor tangible y verdadero.