martes, 17 de junio de 2014

Sueño africano Parte I



     Avisaron por megafonía que el atraque en el puerto de Tanger estaba a punto de efectuarse. Marian, y el resto de sus amigos, se dispusieron a coger su equipaje y prepararse para el desembarque. Era la primera vez que pisaba tierra marroquí y estaba emocionada. Su cabeza era una gran cacerola donde se cocinaban todo tipo de sentimientos, emociones, interrogantes y mucha fantasía.
     Sus amigos le habían preparado una fiesta sorpresa para celebrar su cumpleaños y ayudados por la tía de uno de ellos, que era mitad marroquí mitad española, tenían hasta el último pormenor dispuesto.
     Bajaron del taxi delante de una villa magnifica con un gran jardín central y el agua de una fuente como hilo musical. Estaba distribuida en dos plantas y a Marian le asignaron una pequeña casita de invitados junto al majestuoso jardín. Era el más hermoso de los sueños...
     La tía de Lucas, la propietaria de la casa, había ordenado al servicio estar atento a sus invitados hasta en el menor de los detalles y se les anunció que el aperitivo se serviría a las 21.00 en el jardín de la villa, y la cena,  una hora después en el comedor de gala.
     Marian se dio un baño relajante, intentando absorber cada segundo y cada esencia de lo que a su entender era el mejor de los regalos.  Estaba allí y tenía que pellizcarse para cerciorarse que todo era real y no fruto de su imaginación.
     Terminó de darse los últimos retoques, se miró al espejo y sonrío. En ese instante estaba segura de que no existía en el mundo nadie más feliz. Salió al jardín y comprobó que estaban ya todos esperándola. Brindaron y rieron y no dejaron de parlotear y admirar la belleza que los envolvía. Marian no tenía palabras para expresar su agradecimiento, aunque sus ojos lo decían todo, ella no dejaba de dar las gracias a unos y a otros. Les interrumpió el sonido de la puerta y pocos segundos después apareció él.
     Lucas se dirigió a la entrada y saludó afectuosamente a aquel hombre vestido de negro, lo abrazó y besó y caminó junto a él, hacia donde se encontraba Marian.
     -Marian, este es mi primo Jamal, ha venido a celebrar con nosotros tu cumpleaños. Espero que no te moleste. Jamal, esta es Marian, la chica de la que te he hablado, la homenajeada de hoy.
     Marian se quedó petrificada, temblando. No podía apartar la vista de él y solo acertó a darle la mano sin poder articular una sola palabra coherente. Por su mente pasaron infinidad de imágenes, imágenes sin fundamento. Lo conocía, porque lo había soñado, había vivido infinidad de situaciones en esos maravillosos sueños que ella tenía. Conocía cada detalle de su cuerpo, sabía de sus caricias, de sus besos. No podía estar pasando... apartó la mirada y cerró fuertemente los ojos. No podía ser real, no podía estar sucediendo algo así. Solo fue capaz de abrirlos,  al oír su voz acariciando sus oídos y sentir su mano sobre su hombro.