lunes, 2 de marzo de 2015

Ten cuidado con lo que deseas...




Manuela andaba como una loca, de un lado para otro, era un manojo de nervios y el corazón le latía apresuradamente. No le quedaba mucho tiempo para que todo estuviese perfecto, para que el día más importante de su vida, fuese mágico y especial.
¡Quince días! en tan solo quince días caminaría hacia el altar para cumplir el más deseado de sus sueños... y aún le quedaba tanto por concretar y definir... 
Cogió su teléfono móvil y llamo a su amiga Mayte

- ¿Mayte? ¿pero que haces todavía ahí? llevo veinte minutos esperándote, mueve el culo y vente para acá. ¡Por Dios, me va a dar algo!

- Manuela, tranquilízate, a ver si te va a dar un jamacuco y no vamos a poder hacer nada. Salgo en un minuto, así que relájate mujer.

Manuela colgó el teléfono y se dirigió a la cocina a servirse una copa de vino, eso le haría sentir mejor. Se sentó en una butaca antigua que tenía frente al ventanal y mientras saboreaba aquel delicioso elixir,  echó la vista atrás. Tenía 52 años y por fin iba a hacer realidad su más ansiado deseo.
Recordó aquel día en que con 23 años, la dejaron plantada ante el altar; el peor día de su vida. Lloró amargamente durante más de un mes seguido, día y noche, noche y día, no había consuelo posible. ¡Cuanto había llovido desde entonces...! 
Bebió un sorbo de vino y siguió con sus cabilaciones y recordó como hacía tres meses y veinte días, después de abandonar una cena benéfica a la que había sido invitada, y tras montarse en aquel taxi, aquel extraño conductor, al que prácticamente no pudo ver el rostro, tras preguntarle la dirección, la observó por el espejo retrovisor y le dijo sin venir a cuento, que podría hacer realidad el mayor de sus sueños. Manuela atónita y con una mueca de desprecio, le contestó que su mayor sueño era llegar a su casa lo antes posible y dar por finalizada la noche. El taxista con una voz extraña y empalagosa,  pidió disculpas a su ocupante y permaneció en silencio.
Manuela se sentía disgustada por la impertinencia del conductor y al mismo tiempo no paraba de darle vueltas en su cabeza a la absurda propuesta que le había hecho. Desechó el pensamiento y guardó silencio hasta que el coche paró justo delante de su casa. 

-¿Que le debo? -preguntó Manuela

-No tiene que pagarme hoy nada -contestó el taxista. Si mañana no he hecho realidad su sueño, me pagará la carrera, y si como digo, en el día de mañana sucede algo extraordinario, usted deberá entregarme su alma. ¿Trato hecho?
Manuela no sabía si echarse a reír,  llamar a la policía o a un loquero. El caso es que cerró la puerta del coche y mientras iba caminando hacia el portal de su vivienda, se giró y dirigiéndose hacia el taxista dijo: 

-Está bien, como quiera, usted sabrá si quiere o no cobrar por el servicio. Vaya mundo de locos..
No podía creer la cantidad de gente trastornada  que había pululando sin control en el mundo...

Sonó el timbre de la puerta y ese sonido la sacó de sus elucubraciones.

-¡Mayte, ya era hora... !mira que eres tranquila

-Ya estoy aquí ¿no? venga Manuela, vamos a ser efectivas y a ponernos en marcha.

Manuela tuvo una boda espectacular, de cuento de hadas. Todos los invitados estuvieron encantados con la ceremonia y con la fiesta de celebración. Su amiga Mayte asistió acompañada de un extraño hombre al que nadie conocía, con un extraño nombre; Cassiel.

A la mañana siguiente, después de una noche de bodas plena de amor y felicidad, la policía acudía al domicilio de Manuela, tras recibir una llamada hecha por una voz masculina, una voz pastosa y empalagosa, una voz que alertaba del suicidio de una mujer.
La encontraron vestida de novia y colgada por el cuello del ventilador de techo del dormitorio. En el suelo y justo debajo del cadáver, hallaron restos de un papel que a primera vista parecía un contrato, aunque solo fuera legible la rúbrica de una tal Manuela.