lunes, 1 de diciembre de 2014

Como Lázaro...





Anduve por tus callejas angostas
custodiadas por faroles prendidos
y pagué el peaje y las costas,
de los besos que quedaron perdidos,
y me calcé la huella de tus pasos
cual caminante, torturados, lasos.

Y contemplé nuestro claro de luna
destellando intenso en tus ojos,
no era cristiana, era moruna,
como el origen de tus antojos,
los que me turbaron cautivándome,
hechizándome... enamorándome.

Respiré tus delicados aromas
me impregné de tu dulce esencia,
en mi pecho, anidaron palomas
alimentadas con tu indulgencia,
con tu candidez, tu sonrisa franca,
tu bello rostro y tu alma blanca.

Y te amé,  como jamás lo hice
a corazón abierto, desnudado,
expuesto, la envidia me maldice
me condena a vivir desterrado
alejado de mi siempre amada
acechándote en la madrugada.

Muerto estoy, aunque aún vivo,
pues ni quiero, ni puedo vivir sin ti
pido a Dios, que obvie el castigo
que por quererte, me tocó y viví,
me otorgue su Gracia para sentir
y como Lázaro pueda..., resurgir.