miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pobres diablos






      Pasa el tiempo, pasan los años, los otoños, los inviernos se van sucediendo uno tras otro, y a pesar de ello, volvemos a cometer los mismos errores. Las lluvias que antaño mojaron nuestros pasos, la nieve que marcó nuestras huellas y hundió nuestros lamentos, vuelven a interpretar de blanco el paisaje de ahora, de un blanco impoluto. Y volvemos a mancharlo.
     
    Las hojas caídas de los árboles viejos, aquellas que se depositaron como un alfombra sobre nuestros pensamientos, esas, las que desaparecieron porque quisimos borrarlas, vuelven a forrar nuestra piel con un manto espeso.
     
     "El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra".  Tropezamos demasiadas veces y repetidamente y lo peor de todo, es que lo hacemos con el mismo obstáculo.
   
       Llega la primavera, justo después del invierno, como está estipulado, como la naturaleza lo tiene dispuesto, todo en su orden establecido y el ser humano no atiende a pautas, su comportamiento no se apoya en la experiencia, en lo ya vivido, somos superiores a todo y más inteligentes. Pobres diablos... y volvemos a caer.
    
      Nos destrozan, nos abaten,  rendidos por el dolor y la amargura. Perdonamos, tratamos de olvidar, hacemos el propósito de pasar página y cuando llega el verano, cuando nuestro corazón y nuestro cerebro está relajado, volvemos a meternos en la zanja. En una zanja cada vez más profunda y más difícil de salvar.
     
      Y pasan las estaciones, y cada vez es más duro y tenemos menos ganas de volver a empezar, de borrar las malas experiencias y comenzar de cero. Cada vez cuesta más y se quiere menos.

     "Errar es humano, pero perseverar en el error es diabólico" Agustín de Hipona