jueves, 6 de noviembre de 2014

Compañero







     Eran las tres de la tarde y el corazón me latía a mil por hora. Estaba ansiosa, nerviosa y con la preocupación a flor de piel. Aún no había llegado Sergio y el rato que estuvimos esperando en la puerta, me pareció eterno. Apareció pasados cinco minutos y después de saludarme, nos hizo pasar.     Estaba demasiado angustiada... Me hizo firmar el consentimiento informado e intentó relajarme.

     Antes de salir por la puerta lo miré y me miró y se me clavó esa mirada tan noble y sincera en el corazón. Fue como si sus ojos me hablaran y me pidieran que no lo dejara allí.  Me despedí de Sergio y quedamos en que me llamaría en cuanto terminase la intervención.
 
     Abandoné la clínica con un sentimiento de impotencia y de dolor difícil de explicar. Me subí al coche y fui a tomar algo mientras hacía tiempo.
  
    Me encontré a un conocido y al notar mi preocupación me preguntó.
  
    - Están operando a mi perro, le detectaron un tumor cancerígeno y ahora mismo, está en la mesa de operaciones; le contesté.
  
    -Bueno mujer, no te pongas así, no pasará nada y si pasa... ¡es un perro chica!, tampoco hay que dramatizar.
   
     En ese momento, me dí cuenta y fui consciente de que podía pasar "algo" y se me cayeron las lágrimas y con un nudo en la garganta le respondí :

    -Si, es un perro, pero es mi perro, mi camarada de paseos durante 11 años, mi soporte en la soledad, el que me ha estado dando cariño cuando no tenía a nadie a quien abrazar, el que me ha escuchado durante horas después de un día de trabajo, cuando llegaba a casa y no tenía con quien hablar. El que ha velado mi sueño junto a mi cama, cuando alguna noche pasé miedo. Es, el que nunca me ha hecho un desprecio,  ése que  siempre me ha recibido con alegría. Sí, es un perro, pero es mi amigo, mi compañero y a quien ahora mismo, no se si volveré a ver saltar a mis brazos.

     Me marché, anduve durante dos horas esperando la llamada. Sonó el teléfono y Sergio me dijo que ya había terminado. Aún estaba sedado pero todo había ido bien. Suspiré y di gracias. Y lloré, lloré desconsoladamente, porque justo en ese momento reparé en cuanto quería tenerlo conmigo y de cuanto lo necesitaba; mucho más seguramente, que él a mi.

     "El perro es el único ser en el mundo que te ama más a ti de lo que se ama a si mismo" Josh Billings.