lunes, 25 de noviembre de 2013

El saber no ocupa lugar









     Seguro que os suena esta frase, este proverbio que a menudo hemos escuchado decir a nuestros mayores y a nosotros mismos también en alguna ocasión.
     Y no me voy a referir al significado de Saber, como sabiduría, conocimiento o ciencia, sino al otro significado del vocablo, al de conocer, tener noticias de algo o alguien, tener certezas, etc. En este caso, tengo que admitir, que hay cosas en la vida que sería mucho más sano no saber nunca.
     Yo siempre he sido una mujer muy tajante, muy enérgica en mis decisiones y muy equivocada en la manera de ver la vida. Era blanco o negro, todo o nada... las medias tintas no iban conmigo. Me parecían falta de personalidad, de decisión. Hoy en día, estoy aprendiendo a ser más moderada, a intentar ver los matices, a enriquecerme con los otros puntos de vista. Hoy en día, disfruto paseando por la gama de los grises.
     Pensaba que la pureza del blanco, su resplandor, esa pulcritud con la que se me había presentado desde pequeña, era lo realmente importante... La verdad. Esa verdad que todos creemos poseer y que defendemos con uñas y dientes, pero que sin embargo, es subjetiva.  Esa verdad que buscamos desesperadamente y que si encontramos, muy posiblemente nos destroce el alma. Porque aunque dicen que la verdad purifica, deberíamos preguntarnos de que verdad hablamos.
     Cuando una persona terca como yo, se empeña en saber, no puede parar y sigue buscando y buscando hasta que consigue hallar, aunque lo que encuentre no le guste y parte de su esencia, de su espiritualidad, de su fe, se pierdan con el hallazgo.
     Hay momentos en que deberíamos saber parar, analizar y plantearnos si realmente estamos preparados para formular preguntas de las que no queremos saber las respuestas.
     Por otro lado, podría pensar que si el blanco no es tan bueno, el negro podría aportarme esa comodidad que conlleva la ignorancia, esa falta de empatía que va acompañada del desconocimiento. Podría... pero tan malo es un extremo como el otro. El hombre necesita saber, quizá lo preciso, pero saber al fin y al cabo. Somos una maquina perfecta que sufre el desgaste de las inclemencias de la vida, a veces oxidados por falta de uso, otras con disfunciones por el abuso, pero con un alma, con un corazón que late a cada suspiro y al que a veces nos empeñamos en dar un pluriempleo.
     He descubierto, y sigo descubriendo a cada segundo que no hay quien recomponga una fe rota, que las lágrimas que se derraman con verdadero dolor, con esa angustia acallada del que sabe que no hay vuelta atrás,  que cuando se pierde la esperanza y el credo en las personas, ya se ha perdido todo.
     Que cuesta un mundo encontrar el amor.... y cuando el amor se da, se da y más nada.